
De forma recurrente, especialmente en los medios tradicionales, aparecen artículos y reportajes advirtiendo de la cesión indiscriminada de datos, gustos y aficiones que los usuarios dejan en las redes sociales como un rastro de migas de pan que, una vez reconstituido, ofrece un perfil muy definido de cada uno de nosotros. Qué gran palabra: perfil. Utilizada en la práctica forense para identificar a sospechosos, es también la expresión de nuestra identidad digital.
Desde que era niño, ya en los manuales de texto de mi infancia, a los hijos de la postmodernidad se nos enseñaba cómo los mass media habían convertido el mundo en una “aldea global” (otro gran concepto). Y ahora pienso que estábamos más o menos preparados para la globalidad, pero no para que la sociedad humana siguiera siendo una aldea. Y es que ha habido todo un recorrido cíclico de la vida “0.0” a la 1.0 y finalmente a la 2.0, que nos reconduce más o menos al inicio, pero a lo bestia.






